RELATOS
LA IMAGEN TAMBIÉN SE COMPRENDE EN LA EXPERIENCIA.
Historias personales y experiencias profesionales que muestran cómo la observación y el análisis se convierten en criterio y decisiones.
Las experiencias procedentes de la práctica profesional se comparten de forma anonimizada para preservar la identidad de las personas.
“¡QUE PASE EL DESGRACIADO!”
Mismo rostro. Misma expresión. Cambiamos únicamente la dirección del color y la percepción cambia. Esta vez, el “desgraciado” no es una persona: es un color que decidió competir con el rostro.
Quienes hemos escuchado alguna vez esa frase sabemos inmediatamente de quién hablamos.
Esta vez, sin embargo, el “culpable” no es una persona.
Es el color.
Tomé una misma imagen y modifiqué únicamente la dirección cromática: cabello y maquillaje más suaves, cálidos y menos contrastantes.
La intención no es decir que Laura Bozzo deba verse de una manera determinada ni diagnosticar su colorimetría desde una fotografía. Eso requeriría un análisis presencial y condiciones controladas.
El ejercicio es mucho más sencillo:
observar cuánto puede cambiar nuestra percepción de un rostro cuando cambia el color que lo rodea.
Los rasgos siguen siendo los mismos.
La expresión es la misma.
La persona es la misma.
Pero en una versión vemos primero el maquillaje y el cabello; en la otra, la intención es permitir que el rostro recupere protagonismo.
Y ahí aparece una de las cosas que más me interesan de la colorimetría:
no pretende cambiarte.
Pretende encontrar colores que trabajen contigo en lugar de competir contigo.
Así que, tomando prestada la frase del programa:
“¡Que pase el desgraciado… que no ha revisado la colorimetría!”
Con cariño, humor y muchísimo respeto.
Imagen intervenida con fines ilustrativos. No constituye un diagnóstico de colorimetría personal de la persona retratada.
CONOCER LA PROPUESTA
Si este relato despertó tu curiosidad sobre la forma en que analizo la imagen, puedes conocer el enfoque completo de la asesoría.
ESTILO MATA CARIMETRIA
A veces una recomendación puede equilibrar perfectamente las proporciones de un rostro… y aun así alejarnos de aquello que hace reconocible a una persona. Porque no todo se decide con medidas: el estilo también pesa.
Hay veces en que una recomendación puede ser perfectamente lógica… y aun así no ser la mejor elección.
Cuando un rostro es ligeramente alargado, una manera de equilibrarlo visualmente es evitar demasiada longitud y añadir algo de volumen a los lados. El efecto es sencillo: el rostro parece un poco más ancho y menos largo.
Eso es parte de lo que en asesoría de imagen llamamos carimetría: observar las proporciones del rostro y entender qué efecto producen sobre ellas el cabello, las líneas y los volúmenes.
Hasta aquí, todo muy razonable.
Pero entonces aparece mi tocaya, Martha Debayle. La hemos visto con el cabello más corto y funciona. Equilibra sus proporciones. Se ve bien.
Pero cuando lleva esa melena larga, muy lisa, oscura y con poco volumen lateral ocurre algo diferente: se ve más ella.
Y ahí empieza la conversación que me interesa.
Porque una persona no es solamente una colección de proporciones que debamos equilibrar. También tiene una manera particular de presentarse ante el mundo.
Hay personas cuya imagen funciona mejor con suavidad, movimiento y detalles discretos.
Y hay otras que parecen sentirse completamente naturales con líneas largas, contrastes fuertes, formas contundentes y cierta dosis de dramatismo.
Martha pertenece mucho más a este segundo grupo.
Por eso ese cabello largo y oscuro, que en teoría podría acentuar todavía más la longitud de su rostro, también refuerza algo muy importante: su identidad visual.
Podríamos hacer una lista de razones para recomendar otra cosa.
Un rostro algo alargado.
Una melena muy larga que prolonga la línea vertical.
Un tono de cabello muy oscuro.
Incluso podríamos agregar algunas de esas reglas que aseguran que, después de cierta edad, el cabello debería aclararse o acortarse Y quizá obtendríamos una imagen perfectamente equilibrada.
Pero queda una pregunta:
¿sería igualmente reconocible?
Ahí es donde digo, un poco provocadoramente: estilo mata carimetría.
No significa que las proporciones dejen de importar. Significa que no deberían analizarse aisladas de la persona.
A veces podemos equilibrar una característica del rostro y, al hacerlo, disminuir aquello que daba fuerza y personalidad al conjunto.
Y eso también tiene un costo visual.
La asesoría de imagen no debería consistir en acercarnos a una supuesta forma perfecta.
Debería ayudarnos a entender qué elementos conviene equilibrar y cuáles vale la pena conservar porque son parte de nuestra identidad.
Porque a veces una línea no es la más “correcta” según el manual, pero es precisamente la que hace que alguien entre a una habitación y pensemos:
sí, ésa es ella.
Y cuando eso sucede, quizá la regla no estaba equivocada.
Simplemente había algo más importante que la regla.
CONOCER LA PROPUESTA
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