ESTILO MATA CARIMETRIA
Hay veces en que una recomendación puede ser perfectamente lógica… y aun así no ser la mejor elección.
Cuando un rostro es ligeramente alargado, una manera de equilibrarlo visualmente es evitar demasiada longitud y añadir algo de volumen a los lados. El efecto es sencillo: el rostro parece un poco más ancho y menos largo.
Eso es parte de lo que en asesoría de imagen llamamos carimetría: observar las proporciones del rostro y entender qué efecto producen sobre ellas el cabello, las líneas y los volúmenes.
Hasta aquí, todo muy razonable.
Pero entonces aparece mi tocaya, Martha Debayle. La hemos visto con el cabello más corto y funciona. Equilibra sus proporciones. Se ve bien.
Pero cuando lleva esa melena larga, muy lisa, oscura y con poco volumen lateral ocurre algo diferente: se ve más ella.
Y ahí empieza la conversación que me interesa.
Porque una persona no es solamente una colección de proporciones que debamos equilibrar. También tiene una manera particular de presentarse ante el mundo.
Hay personas cuya imagen funciona mejor con suavidad, movimiento y detalles discretos.
Y hay otras que parecen sentirse completamente naturales con líneas largas, contrastes fuertes, formas contundentes y cierta dosis de dramatismo.
Martha pertenece mucho más a este segundo grupo.
Por eso ese cabello largo y oscuro, que en teoría podría acentuar todavía más la longitud de su rostro, también refuerza algo muy importante: su identidad visual.
Podríamos hacer una lista de razones para recomendar otra cosa.
Un rostro algo alargado.
Una melena muy larga que prolonga la línea vertical.
Un tono de cabello muy oscuro.
Incluso podríamos agregar algunas de esas reglas que aseguran que, después de cierta edad, el cabello debería aclararse o acortarse Y quizá obtendríamos una imagen perfectamente equilibrada.
Pero queda una pregunta:
¿sería igualmente reconocible?
Ahí es donde digo, un poco provocadoramente: estilo mata carimetría.
No significa que las proporciones dejen de importar. Significa que no deberían analizarse aisladas de la persona.
A veces podemos equilibrar una característica del rostro y, al hacerlo, disminuir aquello que daba fuerza y personalidad al conjunto.
Y eso también tiene un costo visual.
La asesoría de imagen no debería consistir en acercarnos a una supuesta forma perfecta.
Debería ayudarnos a entender qué elementos conviene equilibrar y cuáles vale la pena conservar porque son parte de nuestra identidad.
Porque a veces una línea no es la más “correcta” según el manual, pero es precisamente la que hace que alguien entre a una habitación y pensemos:
sí, ésa es ella.
Y cuando eso sucede, quizá la regla no estaba equivocada.
Simplemente había algo más importante que la regla.
CONOCER LA PROPUESTA
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